Tuve la suerte de verlo más de una vez. La primera vez fue en La Falda, año 2002, yo contaba con unos 19 años y si bien siempre fui «rockera», verlo a él en vivo me erizo los pelitos del brazo. Era una leyenda, ¡el peso pesado del rock nacional! Después pude escucharlo nuevamente en La Voz Rock, en el Chateau, recitales ambos en los que, además, pude deleitarme con el inolvidable Luis Alberto Spinetta. La última vez que lo vi fue en Cosquín Rock 2005. Como siempre, mi querido Cosquín, regalándome momentos inolvidables.
Recuerdo saltar al ritmo de «que nadie se atreva, a tocar a mi vieja...» y gritar, posiblemente en un intento frustrado de cantar, con «hay psicosis masiva, es menester que sea rock...», «...sube a mi voiture, olvida los Mercedes Benz...», para terminar con un emocionante «...pero aquí estoy, tan solo en la vida, que mejor me voy...».
Los abuelos, Los Gatos, Pappo’s Blues, Riff, Aeroblues... cuántas canciones, cuántos sentimientos, cuántas historias en esas cuerdas. Cuando yo empecé a escuchar discos, él ya era un señor del rock con todas las letras. Y aunque hoy hace ya ocho años que no está, lo sigue siendo. Así que desde este rincón del mundo, puedo decir que aunque se lo extrañe, el Carpo siempre está. Esa es la magia de los que hacen historia. Porque no hay viaje alguno por las rutas argentinas en el que la voz y la magia de la viola de esta leyenda de nuestra música, no me acompañen con alguna canción.
Recuerdo saltar al ritmo de «que nadie se atreva, a tocar a mi vieja...» y gritar, posiblemente en un intento frustrado de cantar, con «hay psicosis masiva, es menester que sea rock...», «...sube a mi voiture, olvida los Mercedes Benz...», para terminar con un emocionante «...pero aquí estoy, tan solo en la vida, que mejor me voy...».
Los abuelos, Los Gatos, Pappo’s Blues, Riff, Aeroblues... cuántas canciones, cuántos sentimientos, cuántas historias en esas cuerdas. Cuando yo empecé a escuchar discos, él ya era un señor del rock con todas las letras. Y aunque hoy hace ya ocho años que no está, lo sigue siendo. Así que desde este rincón del mundo, puedo decir que aunque se lo extrañe, el Carpo siempre está. Esa es la magia de los que hacen historia. Porque no hay viaje alguno por las rutas argentinas en el que la voz y la magia de la viola de esta leyenda de nuestra música, no me acompañen con alguna canción.
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