12 de abril de 2012

Masoca

Acá estoy, tomándome un break del estudio y siguiendo con los mates en este departamento mío en donde nada combina. En donde nada combina y me importa un huevo porque me gusta. Desde mi sofá con tapiz naranja a mis cuadros colorinches y mi repisa a lunares con decoupage. Es mi lugar: no importa si los muebles y demás combinan entre sí, importa que todo lo que acá hay combine conmigo. Y combina. Claro que sí. En cada uno de mis muebles, en cada una de mis plantas, en cada uno de mis discos, de mis tapices, de mis cuadros, hay un pedacito mío. Hay algo que habla de mí.
Hoy escribo para quejarme. Sarna con gusto no pica, es verdad y yo lo sé, pero quiero quejarme un poquito... porque al fin y al cabo para eso tengo mi blog, ¿no? para lo que tenga ganas.
Prácticas obligatorias en una ONG hasta fin de año como paso previo para rendir la tesis así me dan, finalmente, el título. Todos mis compañeros eligieron comedores infantiles. Servir un plato de comida no requiere mucho tiempo. Ojo, no desmerezco la elección: que la sonrisa de un niño no tiene precio tiene tanto de viejo slogan como de real, pero lo que digo es la verdad. Es fácil, es simple; ayudás a servir la comida, te vas a tu casa y listo, después de unos cuantos platos servidos la materia está aprobada. Pero la mártir por decisión propia que habita en este cuerpo no podía hacerla fácil. Ella eligió una ONG que trabaja con víctimas de trata. Sale de ahí cada mañana conmocionada hasta los huesos y mientras vuelve caminando a su casa, mientras escucha música en sus auriculares para no escuchar a la gente ni al mundo, moquea porque esas chicas no sólo pasaron hambre, falta de educación y viven en la pobreza, sino que como si eso fuera poco, fueron víctimas de trata. Pero ella es masoquista y aunque llora porque las historias que conoce le duelen, lo que hace le gusta. Alfabetizando, escuchando, aprendiendo, conociendo una realidad distinta. Hasta con algo tan simple como leerles durante unos minutos a un grupo de chicas un texto de Quiroga, Casona o Cortázar, la hace sentir bien. Pero así como le gusta, es un trabajo. Voluntario, sin paga, pero un trabajo. Y como todo trabajo, le demanda tiempo. Ultimo año de la carrera, prácticas, tesis, laburo... salgo al balcón y me tiro.
En el trabajo sigue saliendo a las mil, llegando a casa de madrugada porque labura más horas de las que debería. Y masoca proyecta... le ofrecieron participar en un programa de radio y embaló. Como si le sobrara tiempo. Así que ahora destina al menos una hora diaria a ese proyecto. Por otro lado, existe la posibilidad de hacer una columna personal en un nuevo suplemento y masoca dijo que sí. No conforme con todo esto, está metida desde hace un tiempo en un grupo de personas que se encarga de analizar y debatir respecto del tema de las jubilaciones en las empresas recuperadas (cooperativas de trabajo, en su mayoría, surgidas a raíz de la quiebra de la empresa madre cuyos asociados se encuentran desprotegidos en cuanto al tema jubilatorio por ausencia de estructura legal) y ahora empezó a mover hilos, a hacer tejes y manejes, a contactar a gente de Ushuaia a La Quiaca, para ver cómo pueden lograr juntar un grupo importante de gente para que la pelee, así el proyecto de ley, que duerme en el Congreso, empieza a moverse. Y la agota.
El resto del tiempo que le queda lo reparte entre las materias que le quedan por cursar en la facu, rendir exámenes, redacción de su tesis, corrección de un Boletín Oficial y, además, todo el material -que le interese aceptar- que llegue a sus manos para que ella lo deje bonito a los ojos del futuro lector, llámense novelas, cuentos, tesis, etcétera.
No tengo más vida que esta. No tengo tiempo para nada más. Salvo para renegar del festejo de cumpleaños que me insisten con que haga. No quiero, no tengo tiempo, no tengo ganas. Tampoco tengo tiempo para enamorarme, aunque en el fondo creo que, además de la falta de tiempo, no quiero. Porque sé que el amor requiere dedicación. Pero lo que sé aun más es que cuando uno ama, no puede evitar dedicarle tiempo al amor porque desea hacerlo. Le nace así. Es inevitable. 
Pero yo en este preciso momento, no tengo tiempo para nada. Y el corazón... está vacío. No me enamoro, no sé por qué. Mis amigas y compañeras me dice que por qué no. Yo les digo que no sé. Que es lindo, es bueno, es un gran candidato, como dirían las abuelas... pero falta ese pi ri pi pi que sentís cuando mirás a quien amás y podés morirte ahí que nada más importa. Lo que yo llamo mariposas... eso no encuentro. Y no quiero menos. Quiero esa intensidad. Y sé que, mañana, pasado o cuando sea, va a llegar ese hombre que me haga sentir esa eterna primavera. Ya veremos, uno no elige esas cosas, al fin y al cabo. Si el amor tiene que llegar, va a llegar. 
Cuestión que hoy es de esos días en los que pienso que lo mejor que te puede pasar en esta vida es encontrar tu lugar en el mundo. Y yo siento que estoy cerca de encontrarlo. Y si tenés un poquito de suerte, también vas a encontrar a alguien a quien ames con quien compartirlo. Si conseguís esas dos cosas, ya está, podés morirte tranquilo.

1 comentario:

zappa dijo...

el trabajo de la ong me hizo acordar a cuando iba al cotolengo don orione, ahi en la entrada a renault, en santa isabel, salia desarmado mal, pero volvia todos los domingos a la tarde, me hacia re mal, pero a la vez me hacia bien ver que a ellos les hacia bien, era muy duro

con respecto a lo otro, cuando consigas esas dos cosas, es para empezar a vivir tranquila

pero mientras segui entre medio de esos dos, hasta que aparezca un tercero, y porque no un cuarto,nunca se sabe que numero de orden trae el indicado

un abrazo Lu