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2 de marzo de 2013

Cuaderno de amor

«El amor siempre traiciona. Yo asocio el amor con el sufrimiento. El amor no es la exaltación y la euforia, sino la miseria y la degradación. El amor es conturbador y se pasa la vida afilando los cuchillos. En el amor gana siempre quien huye.
Hoy la gente cree demasiado en el amor. Se trata de una creencia esotérica, salvadora, que a mí me parece equivocada. El amor no salva de nada. Las respuestas a la salvación están dentro de nosotros, como lo está la actitud que toma el amor.
De la misma forma que no hay viajes maravillosos, sino viajeros maravillosos, tampoco hay amores buenos, sino amantes buenos. Algunas personas están dotadas para el amor y otras en cambio no lo están ni lo estarán nunca. Probablemente yo sea una de ellas. Cuando el amor llega, asumo que me hará sufrir (...).
El ser que amamos es tan sólo una posibilidad: un espacio en blanco donde nosotros, al menor pretexto, vamos pintando como queremos su silueta interior y exterior. Cuando comenzamos a mirar ya objetivamente a aquel ser, inspeccionamos sus facciones auténticas y no las inventadas, es que empezamos a dejar de amarlo...
Pero el amor no se repite nunca. Un amor no se asemeja a otro. Cada uno inaugura un mundo de fulgor y de júbilo. Si todos los amores fuesen una reiteración, la vida sería un desastre continuado, una previsible condena, una burla fatídica y grotesca... Eso es quizá lo que acaban por ser todos los amores».

Cuaderno de amor, Antonio Gala

5 de enero de 2013

Como agua para chocolate

«Mi abuela tenía una teoría muy interesante; decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos. Necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla.

Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca».

Como agua para chocolate, Laura Esquivel

9 de junio de 2012

"Malena es un nombre de Tango"

Para mi cumpleaños me regalaron este libro y no puedo más que recomendarlo, es maravilloso. Les dejo un fragmento:

-Verás, papá, este verano voy a cumplir diecisiete años…- intentaba improvisar, pero él echó una ojeada a su reloj y, como de costumbre, no me dejó terminar.
-Uno, si quieres dinero, no hay dinero, no sé en qué coño os lo gastáis. Dos, si te quieres ir en julio a Inglaterra a mejorar tu inglés, me parece muy bien y a ver si convences a tu hermana para que se vaya contigo, estoy deseando que me dejéis en paz de una vez. Tres, si vas a suspender más de dos asignaturas, este verano te quedas estudiando en Madrid, lo siento. Cuatro, si te quieres sacar el carnet de conducir, te compro un coche en cuanto cumplas dieciocho con la condición de que, a partir de ahora, seas tú la que pasee a tu madre. Cinco, si te has hecho del Partido Comunista, estás automáticamente desheredada desde este mismo momento. Seis, si lo que quieres es casarte, te lo prohíbo porque eres muy joven y harías una tontería. Siete, si insistes a pesar de todo, porque estás segura de haber encontrado el amor de tu vida y si no te dejo casarte te suicidarás, primero me negaré aunque posiblemente, dentro de un año, o a lo mejor hasta dos, termine apoyándote sólo para perderte de vista. Ocho, si has tenido la sensatez, que lo dudo, de buscarte un novio que te convenga aquí en Madrid, puede subir a casa cuando quiera, preferiblemente en mis ausencias. Nueve, si lo que pretendes es llegar más tarde por las noches, no te dejo, las once y media ya están bien para dos micos como vosotras. Y diez, si quieres tomar la píldora, me parece cojonudo, pero que no se entere tu madre. 

25 de abril de 2012

Aunque no haya un porqué

«A veces las cosas salen mal y no es culpa de nadie. Pero todos quieren un porqué. Un motivo. Algo que puedan envolver, ponerle un lacito y enterrarlo en el jardín de atrás. Enterrarlo tan hondo que parezca que nunca ha pasado. Me pregunto cuánto tiempo de sus vidas se pasará la gente rezando y pidiendo que algo que ha ocurrido no hubiera pasado.

A lo mejor Dios existe porque a la gente le asusta que sucedan cosas malas. La verdad, yo creo que el Diablo tiene más sentido que Dios. Al menos entiendo por qué la gente quiere que exista. Está bueno tener a alguien a quien echarle la culpa de las cosas malas que ocurren. Hay dos formas de ver el mundo: una es que la vida está llena de oportunidades. Olvidando las cosas malas, como si no las vieras. La otra, es ver la realidad.

Hay dos maneras de ver el mundo: podés ver la tristeza que hay detrás de todas las cosas. O elegir bloquearlo todo. Si no dejás que el mundo te afecte, no te partirá el corazón. Estoy seguro de que he llorado todas las lágrimas que había dentro de mí. Pero aprendí que con las lágrimas no podés hacer que alguien, que no te quiere, vuelva a quererte o que algo, que pasó, no haya pasado.

A veces las cosas no salen bien y no es culpa de nadie. Puede que tenga sentido. Puede que haya una razón. Puede que en alguna parte haya un porqué. Puede que en alguna parte esté aquello que te permita que lo envuelvas todo, le pongas un lacito y lo entierres en el jardín de atrás. Que lo entierres tan hondo que parezca que nunca ha pasado. 

Pero nada. Ni un porqué ni enfadarse ni decir que lo sientes ni oraciones ni lágrimas. Nada puede hacer que algo, que ha pasado, no haya pasado».

The United States of Leland

18 de abril de 2012

El amor después del amor

Admiro a Fito. Crecí escuchándolo. Este 2012 se cumplen 20 años desde que salió el «El amor después del amor» (1992), hasta hoy, el disco más vendido en la historia del rock argentino. Por ese entonces yo estaba en quinto grado y tenía 10 años. Jugaba a las muñecas, veía Nubeluz los domingos por la mañana, La Ola está de Fiesta, El Show de Xuxa y cosas así. Pero el tener primos más grandes hizo que conociera a Fito. Y me gustaba. 
Cuando comencé el secundario, por el 95, recuerdo que unos compañeros me regalaron para mi cumpleaños número 13 «Circo Beat». Seguí con «Euforia»«Ey»«Abre»... y así con todos, hasta el último que me compré hace un par de años, «Rodolfo».
Cuestión que hace 20 años Fito lanzaba un disco que, en lo particular, ha sido una constante en mi vida. Cambian los amores, cambia uno, cambia la moda y ese disco sigue ahí. Temas como «Pétalo de Sal», sonando en la voz y las cuerdas de la viola de mi querido Flaco, hacen de ese disco uno de mis favoritos.
No me importa que los críticos digan que ese disco fue un giro musical en lo que venía haciendo Fito, una especie de giro popero al que muchos fanáticos de rock en serio se cansaron de señalar, sonrisita burlona de por medio, con el dedo... porque yo no soy crítica de música; yo la disfruto. Y disfruto de la música de Fito. Hoy me desperté tarareando esta canción. Y no pude dejar de hacerlo durante el resto del día. No sé por qué. Los martes, quizás, tienen esas cosas.


"...algo tienen estos años que me hacen poner así 
y decirte que te extraño y voy a verte feliz..."

12 de enero de 2012

Esa es la cuestión

"La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.
Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes. Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?"

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera

2 de enero de 2012

Garúa

«...Sentía en la boca un sabor a moneda vieja y piel adentro una sensación de cosa rota. No sólo a la altura del pecho, no; en todo el cuerpo, como si las vísceras se le hubieran adelantado a morir antes que la conciencia lo hubiera resuelto. Sin duda, tenía todavía muchas gracias que dar, a mucha gente, pero le importaba un carajo. 
La garúa lo mojaba con suavidad, le mojaba los labios, y él hubiera preferido que la garúa no lo tocara de aquella manera tan conocida. Iba bajando hacia la playa y después se hundió lentamente en el mar sin sacarse siquiera las manos de los bolsillos y todo el tiempo lamentaba que la garúa se pareciera tanto a la mujer que él había amado y había inventado y también lamentaba entrar en la muerte con el rostro de ella abarcando la totalidad de la memoria de su paso por la tierra: el rostro de ella con el pequeño tajo en el mentón y aquel deseo de invasión en los ojos».

26 de diciembre de 2011

Mujer que dice chau

Debería hacer balance, como cada fin de año, pero casi que ya lo hice en mi post anterior. Este 2011 tuvo muchas cosas buenas. También las hubo malas. Me voy a las sierras a pasar fin de año. Me llevo en la mochila un libro de Galeano que alguien me regaló para Navidad. Les deseo un 2012 inolvidable. Que cada día valga la pena. Un abrazo.

"Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ese fue el día en que empezó la suerte.
Me llevo el gusto del vino en la boca ("por todas las cosas buenas" decíamos, "todas las cosas cada vez mejores que nos van a pasar"). No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, puede decir a nadie lo que ha sido."

Mujer que dice chau, Eduardo Galeano
Vagamundo y otros relatos

5 de octubre de 2011

¿Qué importa?

«...Puedes no ser su primero, su último o su único.  Ella amó antes y puede amar de nuevo. Pero si ella te ama ahora ¿qué otra cosa importa? 

Ella no es perfecta, tú tampoco lo eres y ustedes dos nunca serán perfectos. Pero si ella puede hacerte reír al menos una vez, te hace pensar dos veces, si admite ser humana y cometer errores, no la dejes ir y dale lo mejor de ti. 

Ella no va a recitarte poesía, no está pensando en ti en todo momento, pero te dará una parte de ella que sabe podrías romper: su corazón... No la lastimes, no la cambies y no esperes de ella más de lo que puede darte. 

No analices. Sonríe cuando te haga feliz, grita cuando te haga enojar y extráñala cuando no esté. Ama con todo tu ser cuando recibas su amor. Porque no existen las chicas perfectas, pero siempre habrá una chica que es perfecta para ti...»

Bob Marley

13 de septiembre de 2011

Volver

«...La vida debería ser como un calendario. Cada día se debería poder arrancar una página para iniciar otra en blanco. Pero la vida es como la capa geológica. Todo se acumula, todo influye. Todo contribuye. Y el aguacero de hoy puede suponer el terremoto de mañana...»

Lucía Etxebarría
«Amor, curiosidad, prozac y dudas»